[BRUCE LEE] - EL DÍA QUE NACIÓ LA LEYENDA

 


Hace 53 años moría un hombre y nacía una leyenda. Una leyenda que trasciende el tiempo y el espacio, que se ha convertido en un icono cultural no sólo del siglo XX donde vivió, sino en un icono atemporal y eterno. Un hijo, un hermano, un marido, un padre, un actor, un filósofo, un artista marcial, un ser humano como tú o como yo que tuvo que enfrentarse a mil y un problemas y de los que logró salir para convertirse en esa fuente de inspiración de todos los que vinimos después. Y es curioso que tanto su vida como su carrera reflejen una lucha constante que se repite en la actualidad, demostrando que las cosas no siempre cambian realmente pero que también se debería reflejar en cada uno de nosotros a enfrentarnos, de una forma u otra, a todos esos problemas y situaciones que el Pequeño Dragón vivió.

Bruce luchó contra expertos en Choy Lee Fut en Hong Kong, contra su propio carácter agresivo y pendenciero, contra el racismo en Hong Kong por tener parte de su sangre europea y en Estados Unidos por ser chino y casarse con una norteamericana. Contra sus propios demonios interiores y contra todas las adversidades. En sus películas, luchó contra el racismo hacia los chinos en Tailandia, contra el desprecio japonés o la mafia italiana, incluso con monjes Shaolin renegados mientras buscaba venganza y justicia por la muerte de su hermana. Lucha, lucha y lucha, en la vida real y delante de las cámaras.

Miro a mi alrededor y a pesar de haber pasado más de medio siglo desde que falleció, veo que muchas de esas luchas, siguen presentes en la sociedad, de forma individual o colectiva. Todos tenemos que luchar contra nuestros demonios interiores, contra las envidias, los egos, los problemas económicos, contra el odio y las injusticias de todo tipo. Vivimos en un mundo cíclico donde todo se repite y Bruce, para muchos de nosotros, termina por ser un faro de luz que nos marca el camino, el dedo que señala la luna, el camino a seguir. Pero debemos mirar a la luna y no perdernos en el dedo, fijarnos en el objetivo de nuestro propio camino y esforzarnos por llegar a él, y en ese tránsito, lidiar y luchar contra todos los obstáculos. 


No idolatro a Bruce Lee, como mucha gente que me suele leer sabe. Conozco los puntos oscuros de Bruce, y como ya he dicho en muchas ocasiones, también aprendo de ellos, intentando, si llega el caso, en no caer en los mismos errores que cayó Bruce en determinados momentos de su vida. De los errores se aprende, no sólo de los propios, también de los ajenos.  Por eso, cuando me fijo en el Pequeño Dragón, me inspira tanto. Por todo ello, Bruce es quien es, o quien fue, pero también sigue siendo, aunque hayan pasado tantos años desde que falleció. Sigue presente para tantos de nosotros cada día de nuestra vida, guiándonos hacia la liberación personal, como la propia página de Facebook de Bruce ha puesto hoy mismo para recordar ese faro que decía antes que es Bruce Lee.


Para muchos era sólo un actor de películas de Kung Fu, pero los que lo estudiamos sabemos que fue mucho más, como creo haber dejado claro en este texto. Cuando profundizas en una figura como él, te das cuenta de la magnitud que tiene, acrecentada por su pronta muerte y por ese renacimiento como leyenda el 20 de julio de 1973, acentuándose con los años dicha leyenda al conocer más y mejor al hombre. Es curioso que cuanto más conocemos a Bruce Lee, el hombre, más vemos la leyenda que es. Dicho todo esto, sólo puedo terminar diciendo que miremos a Bruce, que sigamos con nuestras luchas y creemos nuestras propias leyendas, aunque, por acabar como empecé, no seamos iconos culturales atemporales y eternos, pero que cuando miremos atrás, nos sintamos orgullosos de, al menos, haber luchado y creído en nosotros mismos, aunque otros no lo hayan hecho, para ser mejores personas y mejores seres humanos, que al fin y al cabo, es lo que era Bruce.

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