Esta falta de sorpresa es en gran
medida por terminar creándose una plantilla en el estilo de diseño de las
secuencias de acción, ya sea marcial o balística y por eso mismo películas como
la mencionada Este amor sí que duele, protagonizada por Ke Huy Quan
y debut en la dirección de Jonathan Eusebio, producida por Stahelski y
su 87Eleven North, ha pasado tan desapercibida. Es una buena película,
con buena acción, y muy Jackie Chan, y ese también es el problema, Ke Huy Quan
cumple a la perfección pero tanto aquí como en Todo a la vez, en todas
partes, parece una copia (buena) de Jackie. La dirección de Eusebio es
buena, claro está, e incluso su trama me ha gustado más de lo esperado, pero a
nivel de acción, vemos una gran ejecución de cada secuencia pero sin emocionarnos
como sí ha pasado con las entregas de Wick, al menos en mi caso, claro está.
Puede que cualquiera de las personas que leáis esto opinéis distinto. Pero a lo
que voy es que a pesar de ese alto nivel en la acción que nos ofrecen, tengan
mayor o menos éxito comercial, muy de vez en cuando aparecen películas con otro
tipo de acción, sobre todo marcial. Y es cuando entra la serie B.
Vemos muchas producciones de
plataformas como Netflix, Prime Video o Apple TV,
entretenidas, bien rodadas, pero sin lograr destacar mucho en el género. Sí,
tenemos algunas series con estupenda acción, ya sean k-dramas como las dos
magníficas temporadas de Perros de Caza, o adaptaciones de mangas como One
Piece, y disfrutamos muchos con su acción, pero al cabo del año, son pocas
las excepciones destacables. Termina el año y entre las pelis de cine de serie
A y las producciones de streaming, no llegamos a usar todos los dedos de
las manos para contabilizar las de verdad buenas películas de acción. Podemos
ser condescendientes y escoger las diez mejores del año, pero seguro que en
todas las listas podemos eliminar alguna, siendo correcta y poco más. Por eso
es tan importante la visibilidad del cine independiente.
Existe un circuito comercial para
producciones que no llegan a plataformas, o les cuesta horrores hacerlo. Muchos
festivales pequeños, como el propio TACFEST, o como otros que son
puramente online. Prefiero un festival presencial como el TACFEST, y no
porque sea el presidente del jurado. Que se proyecten los trabajos
seleccionados, que haya actividades como charlas o presentaciones de libros,
entrevistas y coloquios, ayuda a visibilizar este tipo de cine independiente y
los esfuerzos que conlleva rodar un corto o largo sin tener un estudio detrás,
o un presupuesto holgado. O incluso sin presupuesto. Claro, yo mismo, a
mediados de los noventa, empecé a hacer cortos en el instituto, con compañeros
amantes también del cine, donde se incluían escenas de artes marciales. Todo
totalmente amateur, con una cámara casera, montando los cortos usando dos
vídeos VHS y posteriormente una mesa de mezclas. Todo analógico. ¡Si hasta rodé
parte de una adaptación de Street Fighter II! Locuras de juventud,
cuando soñaba con ser un director de cine de acción y artes marciales en España!
Pero las cosas no fueron por ese camino, y me contento con escribir sobre este
tipo de cine de forma profesional. Pero el tema no es hablar de mi ni ponerme
nostálgico de aquella época, aunque sí que ayuda a entender porqué cuando veo
un corto amateur participando en un festival como el mencionado TACFEST,
no tiro por tierra todos los fallos que pueda tener o la escasa calidad, si
llega el caso.
Volviendo a centrar el tema, todo
corto o largo independiente o amateur mantienen vivo al cine de acción y artes
marciales. Aportan su granito de arena, su visión, aunque pueda resultar
fallida. Si, podemos ver a gente sin talento presentar un corto e incluso un
largo que sólo se verá en festivales de género pequeños, muchos de ellos
online, y aunque no ganen nada, ayudan a que su creador siga adelante,
aprendiendo, mejorando, o, en el peor de los casos, desistiendo y dejando paso
a otra persona. Aunque el resultado en festivales sea malo, la experiencia de
rodar siempre es buena. Lo sé por propia experiencia. Te lo pasas bien, y
aunque quieras ganar, no es el único objetivo. La pasión que existe en el cine
independiente es superior a la del cine comercial, más centrado en mantener una
imagen y unos números que lo conviertan en algo rentable.
Estos dos tipos de cine
independiente conforman el verdadero cine de acción que intenta aportar algo
diferente a esa plantilla de 87Eleven, con un trabajo duro, usando los
recursos que disponen aunque sean extremadamente limitados y no consigan
destacar, pero siempre hay algo que remarcar, ya sea la ilusión, o el propio
uso de esos recursos, sabiendo de sus limitaciones. Cada corto, cada película, comienza
intentando aportar algo, incluso con cierto toque inocente a veces, dando unos
primeros pasos con ese encanto de novato con mucha ilusión de rodar su primer
trabajo y poder, quizás, homenajear a esos directores o actores del que es fan.
Y en ocasiones descubrimos nuevos talentos que con cada nuevo trabajo, delante
o detrás de las cámaras, mejora y podemos ver ese esfuerzo de hacer algo
diferente, algo innovador, bien hecho, como veo en algunos de los cortos que de
momento he visto. Trabajos de gente que cada año mejoran, que nos traen lo que
queremos ver, buena acción, bien ejecutada, buenas escenas de acción con buenos
stunts, pero sigo queriendo ver ese corto amateur donde alguien dirige y
protagoniza una historia de artes marciales, luciendo las habilidades
aprendidas en su dojo, kwon, dojang o gimnasio, gracias,
en muchos casos, a ser fan del cine de artes marciales, emulando a tus ídolos. Puede
que ese corto no quede en nada más, en algo que pones a la familia o colegas
para divertirte, o puede que termines haciendo cortos con mayor presupuesto, o
largos independientes que terminan en festivales de género por todo el mundo.
Incluso trabajando en Hollywood o Bollywood como especialista.
En todo caso, todo esto se resume
en el amor que existe por el cine de acción y de artes marciales. Un amor que
veo cada año en el TACFEST y que he visto en otros como el NIAFFS.
Y en ellos he conocido a sus artífices, españoles, rumanas, ingleses o
norteamericanos, he podido hablar con ellos sobre el cine de acción y marcial,
he seguido sus trabajos y he visto sus progresos, sus ascensos, pasando de stuntman
y actor en cortos a especialista en producciones por todo el mundo, cada vez
mejores, y llegando, por ejemplo, a directores de acción en la India. Y aunque
a veces no se logre esto, es muy bonito ver todos estos trabajos, sin saber a
dónde van a llegar sus creadores, sus directores, actores o actrices, o sus
directores de acción y coreógrafos. Por algún sitio hay que empezar, incluso
por un corto totalmente amateur, con un doblaje pésimo y desincronizado, con
una edición mala y efectos especiales prácticos casi de parvulario. Ha habido
esfuerzo detrás de ese corto, no son profesionales, pero han dado ese primer
paso en rodar algo. Y si encima es de acción o artes marciales, aunque no
veamos técnicas bonitas ni coreografías espectaculares, sigue existiendo ese
esfuerzo por coreografiar una pelea. Y, como he dicho antes, todo este cine
independiente, ya termine en Netflix o Youtube, o se quede en el
disco duro de su director para enseñárselo a amigos o a sus hijos, cuando los
tenga, que nutre tanto el género en un segundo y tercer plano demuestra el amor
al cine de acción y de artes marciales, lo cual no quita dejar claro a veces
que tal o cual trabajo sea malo, no hay que ser condescendientes y permitir el
todo vale. Pero hay que ser constructivo, dejar claros los puntos negativos en
un afán de superarlos, de aprender de los errores y poder seguir demostrando
ese amor por este tipo de cine que amamos.



Comentarios