[CRÍTICA] - EL TRÍO MAGNÍFICO (1966)


El cine de artes marciales, tal y como yo lo veo, tiene una serie de películas nexo, títulos indispensables que son ineludiblemente esenciales para la evolución del género. Películas que han servido como bisagras para cambiar el rumbo de este tipo de cine, y sin duda El Trío Magnífico es una de ellas. Tras el éxito de la película desaparecida Tiger Boy de 1966, con Chang Cheh como director y Lo Lieh, Wang Yu y Cheng Lei como protagonistas, director y reparto unieron fuerzas en esta película que marcaría el estilo del futuro de la propia Shaw Bros y del cine de Kung Fu. El estilo de Chang Cheh se desarrollaría de tal forma que se convirtió en uno de los mayores cineastas de la Shaw, llevando además junto a él al estrellato a un reparto que comenzaba con los mencionados Wang Yu, Lo Lieh y Cheng Lei, éste último, en menor medida, sobre todo con el reconocimiento del fandom del cine de Kung Fu más clásico.


Una historia sencilla, con los manchúes de villanos, y tres guerreros muy diferentes involucrados en la defensa de un pequeño pueblo, además de intentar destapar la corrupción del gobierno local. Puede sonar a muchos clichés, pero es porque de alguna forma expone estos clichés para conformar una historia clásica y una serie de elementos que marcarían el devenir del cine de Hong Kong en los siguientes años, con el gran Chang Cheh como director estrella. La corrupción es el tema principal de la historia, con un pueblo explotado por su gobernante, cuyos miembros son asesinados para mantener un perfil bajo. En medio de este escenario aparece Lu Fang (Wang Yu) un héroe en la guerra que asola china y con lazos familiares potentes, se pondrá del lado del oprimido pueblo junto a Huang Liang (Cheng Lei) un experto luchador que sólo busca trabajo para poder comer y tener un techo. Cuando comience a trabajar para el gobierno, se dará cuenta de su error, y se aliará con un viejo amigo, el propio Lu Fang. Mientras tanto, el maestro Yan Ziqing (Lo Lieh) que trabaja para el magistrado, es decir, para el villano, vive su historia de amor, pero sospechando que el magistrado no es trigo limpio. 



Alrededor de la lealtad, la amistad, el Wu Lin o Hermandad de Artistas Marciales, y el amor, se van entrecruzando en la película, definiendo a los personajes y estirando la trama de forma equilibrada. Cuando le pides a una película de artes marciales que tenga guion, éste es un buen ejemplo, por muy naif que nos puedan parecer algunos conceptos. Por ejemplo, el amor, en cómo la lealtad y el sacrificio marcial se interponen con él para los tres protagonistas. Les acompañamos en un viaje al corazón de esa lealtad, de esa determinación que convierte a los hombres en héroes, en héroes trágicos. Y siento hacer posibles spoilers, pero hablamos de un clásico de 1966, por lo que creo que ha pasado el tiempo pertinente para no hablar de ciertos temas que puedan destriparte la historia, pero de igual manera pienso que aunque no la hayas visto y ahora yo aquí te la destripe, puede que aumente tu percepción de la historia trágica que cuenta, de los matices que tiene el guion para ofrecer algo más que una historia de espadachines y Kung Fu.


La historia va desarrollándose de forma sencilla, con los enfrentamientos entre personajes hasta establecer su hermandad, con los mejores preceptos filosóficos del Kung Fu creando dudas entre los tres héroes a la vez que se desarrollan sus historias de amor condenadas al fracaso por su propia naturaleza. Lo Lieh tiene de novia a la regente de un burdel, y será asesinada cuando intenten acabar con él. La de Wang Yu es la hija del villano, y terminará haciéndose monja budista para enmendar los errores de su padre, mientras que en el caso de Cheng Lei, será el personaje que muera, tras conocer el amor con la hermana de un hombre al que él mató por error. El camino de redención de este trio es evidente, y los sacrificios personales se anteponen al propio amor en una historia con muchos matices y estupendas escenas de Kung Fu firmadas por Lau Kar-Leung y Tong Kai, (con caras conocidas en pequeños papeles como Cliff Lok, Ku Feng, Little Unicorn o el mismísimo Yuen Woo-Ping) que la convierten en uno de los grandes clásicos del género, a pesar de basarse en la película japonesa Three Outlaw Samurai (Hideo Gosha. 1964), sabiendo modificar el mundo samurai por el del Kung Fu de mano de quien sería uno de los directores más importantes del cine de Hong Kong, Chang Cheh.

NOTA: 7’5

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